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dicotomía al vacío

Él tenía nombre de cuento. Ella sólo de ocasión invernal, próximo al solsticio del frío. Ella amaba los cuentos, y él anhelaba el invierno...

Por él hubiera guardado toda la lluvia caída en pequeños tarros de cristal.
Con la fecha perfectamente impresa en cada uno. En una alacena de madera antigua. Medio de habitáculo de brujas, medio de casa de hansel y gretel.

día-mes-año; y a continuación el día que llovió y los motivos de la lluvia, así como, perfectamente explicado, por consiguiente, lo que había sentido ella mojándose, notando las gotas resbalar por según qué superficie. Incluso el tejido empapado. Anotado quedaría también alguno de los fragmentos de conversación que recordase, cómo se encogió el corazón; si pasó o si jamás ocurrió...

El objetivo era doble: almacenar recuerdos y gotas de lluvia para momentos de emergencia. Sería una especie de diario en el que almacenar lluvia en cápsulas. Además, de esa manera, no olvidaría qué sintió en aquel momento.

Ha de añadirse, que a ella, etimológicamente invernal y crecida a orillas del Cantábrico, la lluvia no siempre le era grata. Y sin embargo, había intentado encontrar la manera de recoger rayos de sol, para convencerle de la ventaja que posee la luz sobre el agua. Al margen de que el sol acabara con cada gota de agua. Luz sobre agua: brillo. Cogió un espejo y le mostró cómo la luz incidía sobre él dibujando formas y arcoiris de luz. "La luz recogida así y proyectada como tú lo haces podría llegar a resultar tan molesta que llegara a quemar mi retina".

No lo conseguiría nunca. Así que empezó a trabajar la idea de embotellar lluvia, etiquetada con momentos.
La primera de las pruebas, consistió en recoger la lluvia del momento más bonito del día, en el que coincidieran luz y agua. Cayó en la cuenta días más tarde, y desde entonces, comenzó a amanecer temprano para ver coincidir el momento-lágrima sobre las hojas y los cristales de los coches a primera hora; de vuelta o de salida. En aquel momento coincidían ambos elementos, y brillaban juntos, en un baile continuo. Era entonces, cuando ella se daba cuenta de que aquella era la mejor muestra con la que podía abrir: ella amaba dormirse con él, y él despertarse a su lado. Ella la luz, y él las gotas de agua. La mitad, el momento de sueño correlativo más bonito: el amanecer y el agua rociada al azar y con mimo, sobre las superficies.

Así arrancaría la intención de traerle lluvia y ponerle nombre e historia. Contextualizar momentos recientes para poderlos usar a placer según la gravedad del momento. Por ver avanzar cada día de sol radiante asfixiante, por no verle ahogarse en las olas de calor, planeó aquel proyecto de lluvia embotellada. Lo haría justo la noche o el día, o la tarde de la lluvia, cuando el fenómeno meteorológico aún se mantuviera en la retina

He aquí el primero de los ejemplos aplicados, quedaría así, como sigue:

30-11-05; Ha llovido mucho antes incluso de que me convencieras para quedar en romper las flores en versión original, y de que me pusiera vestido aquella tarde para no calarme la ropa. Comenzó a llover después de que me descubieras cojeando, y de que nos viéramos reflejados en el azucarero. Mucho antes, me he empezado a dar cuenta de que quizá no me disgustes. Ha llovido a la salida, camino a la c/Barco, salvamento de pelo empapado y anécdotas pasadas que no podían evitar que me fijara en tu sonrisa, mucho, por entonces. Han caído gotas sin demasiada tregua sobre mi cuero negro con cremallera, y sobre la tela roja de tus zapatillas rojas que no dejaban de buscar charcos. He resoplado creo que más de cinco veces para dejar de beber el agua de mi pelo largo, y tú no has dejado de mirar arriba "esperando lluvia en la cara", y yo pensando que buscabas estrellas. Efectivamente me has parecido un tipo raro. Pero delgadito y con gracia. Hoy no sé si te hubiera besado. No sé si acaso te gusto.

Aquello fue lo que pasó. Era domingo, y volvimos en el último metro.
Debí almacenar aquella lluvia que me hizo empezar a enamorarme de ti.
Al menos para que sepas que me importa que sufras en julio. Y que te las lleves cuando te marches en agosto, y me las traigas de vuelta en septiembre.

Eres la recolectora de lluvia más linda que existe. De verdad.

Me gusta que hagas un blog que hable de la lluvia, porque nosotras nos conocimos en la ciudad de la lluvia, q si? mua mua. Me voy el miercoles q viene. cnd nos vems?

espero un poco de esa lluvia

encantado de volver a un rincón tuyo, prima

abrazos ausientes desde el norte

Aquí dejo mi primera huella de gato. Todas esas gotas juegan en botellas transparentes, aquellas que me regalas en momentos mágicos. Hace tiempo que no vuelvo a tu cuello, a tu boca, pero ya estamos a final del espacio, ya llegamos otra vez a vernos.
Es curioso que además de guardar gotas de lluvia, también estás arrancando grados a los termómetros y evitas que me duela la ciudad-lobo. Gracias.

GATO

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

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  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
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y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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