De ayeres, isis y osiris
Crecemos siempre solos y más perdidos estando acompañados.
Buscamos el sol para inspirarnos y perseguimos la lluvia para justificar que nos gusta sentirnos tristes.
Nos gusta gustar y que nos quieran.
Y nos encanta querer.
Nos cuesta reconocer que sentimos en singular.
Perseguimos convencernos de que todo tiene sentido pero nos encanta que todo pase sin tenerlo.
Carecer de juicio nos hace cabales y ser metódicos sólo es la excusa para justificar el desorden interno.
O porque se lo debemos a alguien.
Y la fortaleza... la fortaleza sale siempre cuando más besamos el suelo con la boca abierta.
Ser alguien sólo tiene sentido cuando sonreímos al vernos y ver cómo avanzamos.
Ser alguien con otro es dejarse ir un poco y sujetarse en otros brazos.
La eterna duda de la comodidad persigue una respuesta siempre y vuelve en forma de latidos y pálpitos fugaces, ¿y entonces?
Supongo que la metamorfosis no suelta más lastre que el propio