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Vivo en ochenta sitios y tampoco en ninguno.
Respiro sólo con el motor apagado. Sólo entonces sé llorar. A oscuras. Debajo o dentro de una superficie pequeña y cerrada. Mientras el aire se va consumiendo y yo sé que se acaba y no pienso mover un dedo.
Suena de fondo tu voz. Y mis manos huelen a ti, y a tu pelo.
Me doy cuenta de lo egoísta que es vivir como lo hago, y sin embargo, nada me hace cambiar. Ni siquiera que me digas que soy una egoísta y que no te cuido, y que tampoco te escucho cuando me llamas, harta de intentar localizarme o que te llame yo.
Sé de lo difícil que es vivir para uno y hacer felices al resto. Es una cuestión de tiempo. Me pregunto qué pasaría si los días tuvieran más horas y yo pudiera desaparecer del mundo de vez en cuando. Y sé que soy cobarde, y que debo leer más a James Joyce y menos a Raymond Carver.
También debería parar a leerme más, o a contarme aún menos. No tragar los pensamientos, sino vivir para contarlo. Y contarlo, para poder vivirlo.
Maldigo el tiempo que se va sin más, escurriéndose entre los dedos. Recuerdo tu gelatina rosa, esa que era dulce, pero densa y a la vez frágil. Y esos baños que nos dábamos en ella. Sin poder salir.
Hace tiempo que nado en una de esas piscinas. Que no me doy cuenta de que no me muevo y que por eso estoy terminando por volverme del mismo color. Y con tan pocos sentimientos como aquello.
Luché siempre por ser más. Y en ese camino sentí el apoyo de personas a las que ahora estoy dando la espalda. No voluntariamente. No me paré a mirarlas....
Me siento miserable. Especialmente despreciable hoy

Me ha encantado el texto, me he sentido muy identificada. En esta vida que veo tan triste, mientras el resto vive feliz, es un consuelo que haya gente que piense como yo. =) Pásate por mi blog si quieres, soy algo novata en esto de escribir, pero lo hago con el corazón. Un beso

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

Remite


  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
radiografía
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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