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Raymond Carver y otras historias secas y trágicas



Echo de menos escribir tanto como echo de menos aprender a escribir y a estudiar escritores y escritos.

A Candela, Javier, Eva y Dolores... que siguen. Y al resto, que se fueron separando en el camino. Pero primero a la primera, y a una de las personas que más me ha enseñado personal y académicamente; si por académico puede llamarse aprender a vivir, enseñando a escribir y a dibujar atmósferas.

Echo de menos Fuentetaja, como echo de menos la escritura creativa, sin la que llevo un mes, en circunstancias no agradables, y que jamás pensé fuera a necesitar tanto.

Ahora ya no sé si me importa seguir buscando trabajo o tiempo, o ninguna de las dos cosas. Sé que necesito seguir escribiendo y aprendiendo.

Lo sé, y lo sabía; pero después de escuchar/removerme el corazón/romperme un poquito por dentro/ver a
Elia en el Bukowski el otro día, pude entender que lo estaba necesitando y que todas las señales, de esas que hace tanto dejé de observar y/o buscar y/o vaya mierda de asuntos que algunas veces trajeron (...) me llevaban a tener que volver al taller.

Esta semana que empieza, este mes nuevo, pienso acercarme a sus aulas, volver como hija pródiga a hacerme un hueco, y recuperar el sitio que tanto me ha dado... si acaso no es lo mejor que me ha pasado durante el pasado año.

Que sin Hemingway, Carver, Chejow o
Flaubert... yo ya no sé ni puedo estar. Pero que sin la hoja de ruta y los compases, y las brújulas de sus pasos y claves.... Mucho menos. He dicho

a mi me pasa igual y me perdí a Silvia y a Elia, pero espero poder escucharlas otro día. La verdad es que lo de escribir es una droga.

Que nos debemos un café (fuera de casa), indignator 2 :-)

Para mí fue genial, pero saber que he conseguido emocionarte (aunque fuera hormonal o lo que fuera), ha merecido la pena.

En realidad siempre la merece.

Guapa.

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

Remite


  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
radiografía
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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