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Hay una cuerda entre tu casa y la mía que quiere mantenerse tersa y suave.
Una cuerda que nos separa cuando quieres alcanzar el reloj y pararlo.
Y es la misma cuerda que le damos a mismo reloj cuando empieza la cuenta después de la batalla.

Es la cuerda que fue meta, y que ahora sería hilo dental. Para estar cerca de tu boca siempre.
Y es el reloj que nunca tuve y que querría tener para contar los minutos que quedan hasta que todo vuelva a estar como siempre.

¿Cómo es como siempre?

Siendo, sólo siendo, imagino

Será como tú quieras que sea. Seremos como nos planteemos, sin más. Ese reloj está esperando en algún lugar a que vayamos a por él.
Como todo lo que separa esta ciudad, se puede medir en fracciones de 20 o 25 minutos, no?
Nada de tristeza, algo de añoranza quizá, no más.
Que la distancia más larga sea la medida de un bigote de ratón, o de gato. ¿vale?

Yo también quiero que todo vuelva a ser como siempre. Como yo siempre quise que fuera siempre. Y cuano digo siempre, es siempre.

Saludos

hola compi!

he estado mirando tu blog, me gustan muchas cosas, citaré, por ejemplo, morfosintaxis, muy grande.

te leeré a menudo!

nos vemos en el cocktail.

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

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  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
radiografía
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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