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ojos que ven y el corazón que lo cuenta



Miro, sentada desde el balcón de piedra que hoy se presta para que lo cuiden, cómo la gente va, viene, se saluda o rebusca en mapas de distancia corta cómo salir a la calle de al lado.

Vivo en un cruce de caminos, en calles que bajan y calles que suben; que se desperdigan en todas las direcciones. En una casa de piedra y madera, y techos altos, y desde aquí veo una casa de tres alturas donde vive un fotógrafo -que tiene una pestaña blanca!-, que todas las mañanas abre los ojos y sus ventanas verdes en su casa en forma de cara y me saluda "luego nos vemos en el periódico", dice, y vuelve a entrar.


Yo mordisqueo la tostada despacio, mientras el reguero de gente va sonando fuerte pero despacio, "por la acústica de la piedra", me dicen y voy viendo pasar a otros compañeros, que andando -como dani, el que siempre habla en gallego- o en bici -como Silvia, que lleva una silla en su bici para llevar a Roque-, y sin cascos de música, siguen sus caminos. Vivo en una calle donde hay dos centros culturales, varios contenedores de reciclaje y donde alguien toca el piano, y toca jazz y pone flamenco a media mañana.
En una calle con un cartel de piedra donde las letras rojas, hechas con hendiduras, diferencian unas rutas de otras.

Vivo en una calle-babel a golpe de mapa y bastón de peregrino, igual que otras tantas, pero cada vez más mía.
Vivo en Casas Reais 4, 1º. En mi balcón siempre hay una planta que tiene una mariquita de madera pequeña, porque las dos te gustan, y la ventana está entornada, para que cuando decidas colarte por la noche, la encuentres abierta.

Y las noches son ruidosas, cada vez más cortas.
Ni siquiera los pájaros callan, hay gaviotas y no entiendo qué hacen aquí (algún día las exterminaré) Esto sólo es una ruta: de ahí las claves que te describo, para que cuando llegues, aparezcas sin avisar, y tu único problema sea interpretar a tientas las constelaciones que te esperan encima de mi ombligo, en sostenido y sí bemol. ... (o 'turnedo') hoy tocaba describir, mientras sigues con tu vida, para que, cuando vengas, puedas saber cómo atacarme por la espalda

Me encanta entender como es todo cerrando por un momento los ojos. Tu descripción es teletransportarme a pequeños lugares, esos que sabes que tanto me gustan.
Gracias por dejar la ventana entornada, porque así cada noche, cuando duermes puedo entrar, besarte levemente y marcharme (en tren y no volando por ahora) para que con ese beso no te olvides de mí.
Yo también tengo esas sensaciones cuando me levanto, hoy ha sido increíble, porque parece que vivo en un pueblecito, solo que luego entro en el subterráneo y pierde la magia. Pero desde mi cama... todo son tejados.
Te añoro, pero ya queda poco.

GATO NEGRO

Hola Kay. No sé si serán los aires gallegos o la cercanía al santo, chica, pero escribes que da gusto. Por cierto, me has dado muchas ganas de ir a visitarte/visitar Santiago...tan bonito en contraposición a la gran urbe madrileña en la que paso mi primer verano fuera de Soria.
Un besote, hablamos. Bea.

PD:Es el primer comentario q dejo en un blog, no te quejarás...

me gusta sobre todo leer q VIVES

otros poco a poco vamos superando esa renuncia

abrazos ausientes y partidos desde un norte ausente

sin duda huele a aire fresco por estas letras y por esa ventana, y eso que el verano no perdona...

se acabo lo bueno, compi.
actualiza, no?

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

Remite


  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
radiografía
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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