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Tengo un orzuelo en el ojo izquierdo y un soplo en el corazón.
Lo último lo tengo desde siempre, pero me lo encontró un doctor que escuchó de mi más que lo que mi madre le pedía que mirara. "Esta niña tiene un soplo".

Y yo miré extrañada a mi madre, y ella se asustó, y me llevaron al hospital y me hicieron pruebas. En los hospitales tengo experiencia. Los visitaba con frecuencia aunque no tuviera nada. "Por si acaso", decía mi madre. Y de hecho, sigue diciéndolo. Y me asusta y se preocupa y siempre parece que tienes un problema que te va a matar. Suele equivocarse siempre. Un día me llevaron a vacunarme. Tenía 5 años y hablaba tan bien alemán como castellano.


Y siempre he sido de hablar mucho. Cuando vi la aguja... me levanté y salí corriendo. Por todos los pasillos del hospital. Así pasé más de media hora. Hasta que me encontraron. En adelante, y de mayor, he odiado los hospitales. Recuerdo que un día de acompañé para que te miraran la cadera... y fuera me dijeron que mi abuelo había muerto.


Yo estaba sola, en el pasillo, sin saber cómo llamarte, cómo salir corriendo... me paralizó el miedo. Me pasa mucho. Me paralizo. Afronto los momentos trágicos con dureza por pura cobardía. Otras visitas a urgencias se tiñen de interrogantes. Conozco las entradas a urgencias de casi todos los hospitales. Y odio esas esquinas. Las odio con toda mi alma. Deberían llamarse 'URGENCIAS', y debajo: 'bienvenido al limbo, ¿le gustan las emociones fuertes?'


Saldré corriendo de todos los hospitales.


Tengo un orzuelo en el ojo.

Y no he hecho caso a mi madre. Y me he ido a ver a Vetusta Morla.
Y me ha encantado

Hola Kay...
Me da la sensación de que te tengo abandonada, en un momento en el que necesitas hombros sobre los que apoyarte y oidos que escuchen atentamente.
Lo siento, de verdad...tu sabes el ritmo que llevamos. No te deja pararte a pensar en lo importante.

Me alegra que te hayas acordado de escribir. Me gusta leerte.
Un beso, Bea.

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

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  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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