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Limbos vespertinos




Hoy mi tío me ha hablado de mis escritos. Del periódico, de dos reportajes míos. En uno de ellos describía la entrada y salida de trabajadores en la fábrica de Ford, en Almussafes. Comenzaba así: "Son las 5.30. Cambio de turno en la factoría. Es viernes y aún es noche cerrada, una hilera interminable de autobuses avanza por el aparcamiento...". Es curioso cómo, sin hablar de las luces anaranjadas de las farolas alámbricas que casi tocan el cielo, y de los destellos de los focos de las rutas, el lector imagine más allá. Se llama sugestión... y es algo que me cuesta alcanzar en el cara a cara y por escrito una vez me conoces bien. Mi profesora de escritura Creativa, Candela, solía decir -y mis compañeros lo corroboraban- que no se me da mal pintar paisajes.

Hoy cogí el bus. [Esto podría ser una segunda parte de las crónicas de vagones y mazmorras] que dejaron de publicarse. Y varios pensamientos que cruzaron como estrellas fugaces se perdieron en el asfalto. Porque su hábitat no es la jungla urbana, ni las bolsas que salen del corte inglés de princesa... A pesar de que ninguno fue salvado con bolígrafo, sí se me cruzó por la cabeza la teoría de que cualquier persona puede escribir un libro, y cualquiera de estos pensamientos que cruzan mi cabeza puede convertirse en un argumento. Argumento que acabará clasificado como materia y subgénero cogiendo polvo en cualquier estantería, si no lleva detrás una campaña que apueste por garantizarse tener una veintena de ejemplares entre "recomendados". [Me dijo mi compañera Mónica, colega de planta las navidades pasadas, que hubo un librero de Gran Vía que escribió un libro sobre sus anécdotas en la tienda... tengo que echarle un ojo, yo empiezo a compilarlas estos días] Hoy he recolectado un par de argumentos que podrían ser carne de cañón para estos oportunistas. Por eso, para reforzar la idea de que los frascos guardan la esencia mejor y más pura cuanto más pequeños... os los paso a contar.

Teresa (Alicia la Maga) me dijo en uno de nuestros encuentros de tanto en tanto, con vino de por medio y velas, y gente divertida... que Parménides ganó a Heráclito. Yo sigo pensando que no fue así. Aunque me convenció -bastante- cuando me habló de la filosofía oriental de dejar todo fluir, y la heraclitiana de superponer objetivos y ponérselos como meta. Sí. O sí. Pero cada día más, más lugares confirman que en las ciudades también todo cambia. Me fijé en los restaurantes y cafeterías, en las tiendas que eran bancos y en los videoclubs que son ahora centros de belleza. Pensé que alguien podría escribir sobre ello... uno de estos libros de Gestión2000 ó Garnica... por ejemplo. Pensé en que la cafetería donde nos conocimos cerró. Cambió de nombre. Pero no de actividad. Alameda ya no existe. Y que el café donde estuvimos con tu madre... el Coronita Lounge es ahora un Starbucks. Como todos. Y me dio pena... pero entendí que aquello ejemplificaba las transiciones y las convulsiones que vivo. A ritmo de ciudad. Lato. Latimos...

A pesar de que hoy pintaba ser un día más... ha tenido montaña rusa de todo tipo. Ha habido curro, mocos, pañuelos, clientes agradables, insoportables... pero en la librería hoy me quedo con que un chico que ayer no dio con su libro... que al salir de la tienda yo localicé... ¡ha vuelto hoy a por él! casi le doy un abrazo de la emoción, por ser constante y seguir sus corazonadas! El final del día pintaba como una curva hacia abajo, sin frenos... pero un sms sorpresa y una visita sorpresa rodeada de virus me ha hecho sonreír un buen rato. La llamada de mi tío, a media tarde, y confirmando que vendría [por cierto, V, acabo de acordarme, que un día que salí a cenar con albert, un amigo del máster, vimos unas zapatillas colgadas en un cable que unía dos edificios... me acorde de ti] a la cena de Reyes, y palabras de ánimo y visitas programadas a decathlon para hacerme con unas buenas botas de montaña... han hecho el resto. Y el caso es que contándome cómo veía mi reportaje sobre Ford... me habló de las madrugadas... de esas horas mágicas y eléctricas... de esos paisajes que sólo existen para las personas que los viven. Autómatas. Ojos que no se dirigen ni una palabra. Alzacuellos. Bufandas. Manos agarrando abrigos, muy fuerte... contra el pecho. Y luces. Muchas luces especiales y ténues. Amarillas. Anaranjadas. Y boca pastosa... "es el mundo que existe para los que están despiertos. Sólo para ellos. Y es un universo único y que sólo se vive en la mente. En realidad es como si no existiera. Porque nosotros dormimos... y no existimos aunque respiremos"...

Y con esa frase me quedo hoy


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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

Remite


  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
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y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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