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paisaje suburbano babélico


Hoy he comprado el periódico -apenas había tenido que dar dinero por tenerlo este año- y he venido leyendo a Muñoz Molina. Os dejo un link al ensayo en cuestión.

He ido al trabajo leyendo Babelia... leyendo los mejores libros del año según los críticos y colaboradores del diario (Ayuda. Me venía bien para saber qué puedo recomendar en la librería donde trabajo estos días) y deleitándome con el número... y al llegar a "Prosa Caminada" me he parado.

En los últimos meses mi medio de trasporte ha sido mi propio coche. Ganaba tiempo, horas de sueño y cobertura en la radio a cambio de dejar de mirar y de cruzarme con la gente. A pesar de que me escondo detrás de García Márquez estos días y me dejo llevar por los aleatorios del itouch para regalarle pensamientos a la moleskine, no puedo evitar cerrar el libro y quitarme los cascos -que caen por encima de mi enorme bufanda azul [por fin llegó el fío, ya era hora!!!!]- para ver, escuchar y deducir más allá. El otro día, sin ir más lejos, me ofrecí a ayudar a un padre y sus dos hijas a llegar a Chamartín. "Yo voy para allá, vamos juntos", les dije. Ellos me agradecieron mi amabilidad y empezamos a conversar. Era el día de nochebuena. Las cuatro y pico de la tarde. Venían de Lima. (Yo de pasar varias horas de pie vendiendo libros) Él abogado. Ellas, "las bebitas", estudiantes de Ingeniería industrial, "es una chica de números, le parece una carrera fácil" y la otra, la menor, de derecho, "pero quiero ser periodista" me regalaron millones de sonrisas mientras acotaban la explicación de su padre, que contaba que gracias al Europass, y dado que tienen tres meses de vacaciones -en latinoamérica ahora es verano- estaban recorriendo Europa. "Y ahora se van a Chicago", me contaba... y me decía que Madrid había cambiado mucho y que le encantaba y que querían llegar a Salamanca porque se habían quedado sin tren para poner fin a su viaje en la bella Lisboa. Finalmente llegamos a Chamartín... yo seguí un par de estaciones más arriba. Me arrepentí de no haberles acompañado al andén para asegurarme de que esta vez sí, pudieran pasar la nochebuena juntos y alejados de los trenes. También lamenté no haberles dado mi dirección de email. Pero como mi amigo Nico sabiamente dijo una vez "no me despido de ti porque la vida volverá a cruzar nuestros caminos" (aún así, el boxeador lloró un poquito aquel día)...

El caso es que esta historia no hubiera ocurrido, yo no habría sentido aquella explosion de ternura ni habría sonreído con tantas ganas al verles marcharse queriéndose tanto... si no hubiera mirado en su dirección, si no fuera una grabadora de sonidos e imágenes, si hubiera mirado los carteles de las líneas 10 y 3 en Plaza de España... en vez de mirarles a ellos. Me gustó vivir eso. Me di cuenta de que echaba de menos viajar en metro.

Así que esta mañana, me he comprado el periódico, y con Pereza y ganas, he leído cada línea varias veces y releído el texto una vez acabado. Me he acordado de que Muñoz Molina cayó en Comentario de Texto cuando yo hice selectividad en 2001. Que hice COU, que tenía ganas de ser periodista y que por uno de sus textos, años antes, me decidí a querer contar. Fue con un cuento sobre la inmensidad de la tierra. Un ensayo publicado en El País Semanal sobre lo insignificantes que somos, que es nuestra vida; tanto como lo es un granito de arena a la inmensidad de la arena de la orilla... e incluso tanto como un puñado de arena en una mano. Aquel texto me caló, me hizo pensar... y me gustó porque, tan niña que me sentía entonces, creí empatizar con aquel escritor. Me vi reflejada en sus palabras. Hoy he tenido una sensación equiparable... y el autor, era el mismo...

Me he deleitado con lo que contaba; he vuelto a caer en el...: "ójala hubiera sabido yo contarlo tan bien..." y me mirado la foto que lo ilustraba. No podía ser más perfecta. De un amigo y compañero -Anxo Iglesias- que daba luz y movimiento al pincel de Molina contándome mis paseos. Así que mañana, que también trabajo, volveré a buscar historias de prosa caminada. Por eso esta tarde he decidido ir a hacerme lentillas. Para no perderme nada.

Y estoy contenta porque he cenado en un tatami japonés con la pandilla, aunque ha vuelto la alergia y no puedo respirar...
Y quiero compartir con la esfera la ilustración de "un paisaje balcánico pintado con té"

Me encantas Kay...cada vez que te leo un poquito más. Me gustaría tener tu energía y sensibilidad. ¿Qué horario llevas? Es para llamarte...Un beso, Bea.

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

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  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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