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De vuelta hoy cambié de trayecto.
Para no pasar por tu casa ni por la tuya. Por ninguna de tus casas... aunque vi el Reina Sofía de reojo. Pensé "tardaré más", "por la m30 tardaría menos"... pero finalmente, en la última rotonda decidí coger Castellana. No lo pensé, mis manos respondieron a las exigencias del volante. Enfilé el Paseo del Prado (el de los ratones). Todos los semáforos estaban abiertos. Hasta que llegué a Cibeles. Y miré al cielo. En Madrid no se ven estrellas, pero este año las luces habían conseguido arrancarme muchas sonrisas muchas veces... Pero ya no estaban. Uno de los carriles permanecía cerrado y varios camiones soportaban la maquinaria de las grúas rojas que subían hasta los cables, "no las están quitando", deseé en voz alta para no molestar al locutor de aquella emisora, "están arreglando las que están defectuosas, para cuando vengan los reyes, para cuando pase la cabalgata el próximo 5"... Pero a la primera de las luces-palo, le siguió una segunda, y a la tercera las esperanzas se iban quedando reducidas a cables y alambres. Luces de colores aparcadas en el césped. Lo mismo estaba ocurriendo en el Paseo de Recoletos. Por donde pasé mirando de reojo la Biblioteca Nacional y la que un día fue cafetería Alameda. Casi me empotro con el coche del carril derecho por mirar. Aprendo. Pero poco a poco. Entonces sonó "Nunca el tiempo es perdido" y fui consciente de lo efímeras que son las cosas mágicas y lo fácil que es perdérselas si no se encuentra el camino adecuado a tiempo. Yo esta noche, obedecí a mi corazón, y enfilé castellana... para poder despedirme de las luces. Para poder verlas por última vez. Porque no siempre se tiene esa oportunidad.
Querer ver.
Ver.
Querer.
No siempre.
No.
Y nunca. Nunca más

Y hoy leí una pesadilla de marzo entre estas cápsulas. Parece que los sueños se cumplen. Y así las pesadillas. Y nadie tiene la culpa.
Quiero. Creer.

Joder, he llegado a tu blog via Last-Fm y me he quedado muy impactado. Tienes una fuerza escribiendo que quita el hipo, un estilo muy personal y una presentación para quitarse el sombrero. De verdad, muchos ánimos. Has conseguido ponerme los pelos de punta

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

Remite


  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
radiografía
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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