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Sin mirar

La cama esta fría porque ahí fuera hace frío y porque hoy es un día regulero según los mapas del tiempo. Aunque esta mañana hacía frío igual y yo me puse contenta porque se despedía el invierno dándonos en la nuca para hacernos ver que nos estamos cargando la tierra, y que nadie la escucha, envuelta entre otros tantos problemas que dice la sociedad, son más importantes.

Aquí estoy, a media luz: entre luces anaranjadas que dibujan siluetas de hojas de árboles muy altos, y toldos que en otras circunstancias son verdes. Y pienso mucho en ti desde hace mucho. Llevo todo el día pensando en todo lo que te quiero, y en que no he sabido hacer más que liar las cosas. Que yo iba pensando en todos los transportes públicos que he cogido hoy para llegar a ti, que te quería, que me estoy leyendo un libro guay, y que lo marco con tu marcapáginas, para dar la bienvenida otra vez, a las palabras en mi vida. Y que todo estaba pintando que podría ser un buen día: porque yo te quería, y cada vez que me separaba hoy de ti hubiera vuelto para decirte todo lo que me gusatabas y que no quería separarme de ti hoy en este día de frío. Y olvidé preguntarte si llevabas el pez de plástico en el bolsillo, y olvidé decirte muchas cosas que sólo pensaba mientras me alejaba de ti, cargada de cosas, cargada de tristura, por no haberte sabido querer hoy.


Navego a contracorriente en el mar de las palabras perdidas por el hilo del teléfono.
Podría dedicarme a dibujarte señales de humo que de nada servirían. Ninguna solución es válida para semejante desorientación. Y es que yo sólo quiero ser contigo y estar a tu lado todas las mañanas. Y todas las noches en vela, y todas las madrugadas en que nos despertamos a la vez para decirnos con los ojos cerrados tantas frases incoherentes, y todas las cosas que no nos atrevemos a decirnos con los ojos abiertos. Como tocarte de lejos, y querer arrancar las discursiones en vano y las largas esperas en estaciones, con libros y más libros, y letras y más letras. En un mundo de palabras, en el que siempre terminan pesando más los gestos...

Y ésta era la casa de Marguerite Duras

Ando perdido por unas horas del día que no muchas veces conozco, al menos recién levantado. Pero si reconozco esas caricias, esos intentos y muchos te quiero. Porque aunque el frío se vaya, no se lleva nada mío, todo me lo deja aquí, en los bolsillos, con el pez de plástico para que te lo entregue. Y no hay cosa que más ganas tenga que darte todo lo que muchas veces escondo en las manos.
Cuando amanecen de nuevo tus palabras recuerdo olores y más olores, y paseos y despertares a media luz de madrugada. Y no me marcho sin decirte que te quiero, y que cuando vuelva nos besaremos ¿vale?

Si eso no es amor que me arranquen el corazón.

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Escribo para ti, para mi, para contarte y que descifres cuando quieras lo que necesites. Para hacerte recordar, para guiñarte un ojo, para darte la mano, para sonreír contigo... Gracias por comentar

Remite


  • kay

  • Llegué por casualidad y por una conversación de cafetería envuelta en dudas. Encontré en los paraísos electrónicos los abrazos más auténticos... viajé sola por Kioto, por Dresden, embotellé lluvia y suelto lastre. Ahora sólo escribo, de oficio. Y en septiembre de 2009, años después de posarme para aterrizar, vuelvo a emprender una aventura voladora; desnuda y rellena de letras. bienvenido
radiografía
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tinta y prosa
y letras e historias con máscara
y cristales rotos...
y tus ojos, reinterpretándolo todo



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